Yago Eugene Hietala

Yago Eugene Hietala

Edad: Dice tener 31 y aparenta, de hecho, sobre la treintena.
Procedencia: Raíces finlandesas, residió desde niño en USA.
Raza: Ghoul depredador converso.
Poder o poderes: Comer gente, transformarse en quien se come, mayor longevidad, comer gente, mayor fuerza, comer gente. Yo también quería convertirme en hiena.

Historia:
No siendo más que un renacuajo llorón y comilón desde que abrió los ojos, el primogénito de los Hietala no tardó durante su niñez en poner rumbo con su familia a la los Estados Unidos por motivos laborales de su padre. Éste, quien parecía ser el hermano perdido de Hulk Hogan, era todo un motero en toda regla que cuidaba de su familia y se encargaba de darle de collejas a su hijo desde que este tenía uso de razón pues era un chaval de lo más inquieto, bocazas e inoportuno vamos… que no es que haya cambiado mucho y lo cierto es que no tenía en gran estima al pedante de su padre siempre riéndose del muchacho.

En su infancia ya resultó ser todo un terremoto y se metía en líos con una facilidad desmesurada. Siempre quería ir con los chicos “malotes” de su colegio y los diversos institutos donde lo echaban, hacerse un hueco por esa necesidad que tenía de creerse alguien importante e integrado quizá con intención de callar a su padre y sus bromas. Menos aún era un angelito, se metía con otros y no precisamente sólo con aquellos que pudieran ser “menos” que él, sino con cualquier persona; llegada su adolescencia y tras varias mudanzas, con su facilidad para reírse de todo el mundo era costumbre verle con hematomas cuando volvía a casa por las peleas en las que se veía de cabeza envuelto y, claro, a su padre… le hacía gracia. Su madre por el contrario era más encantadora aunque ponía mano dura y tenía un carácter que podía ponerle al muchacho los huevecillos de corbata si le llamaba pegando un grito histérica desde el piso de abajo (lo cual llegaba a convertirse en costumbre).

Vamos, que Yago nunca se sintió del todo bien rodeado de su familia a excepción de con su pequeña hermana, le gustaba su compañía pero a sus padres no les resultaba una buena influencia para su dulzura obediente con esa oveja negra que tenían por hijo. En más de una ocasión el muchacho, todo un dramático de la vida, optó por amenazar con irse de casa y, de hecho, eso mismo hacía pero con la escasa credibilidad que contaba (pues siempre había sido un poco fantasma) nadie se preocupaba ya que no pasaba apenas una noche en la calle helándose de frío bajo un puente acompañado de algún vagabundo sin dientes que siempre volvía con el rabo entre las patas. Hasta que no fue así.

Una noche después de que lo echasen de una fiesta en casa de una de las animadoras por liarla bailando subido en una mesa y diciéndole de todo a la anfitriona con la mala combinación de hierba y demasiado alcohol en sangre… el chico regresaba cabizbajo a su casa metiéndole una patada a una piedra con tan mala suerte el pobre desgraciado que se le fue un poco más el pie y se golpeó con fuerza contra una farola haciendo que soltase un alarido y se llevase la mano al pie cojeando y moviéndose de un lado a otro. Estaba de mal humor, harto de todo pero, entonces, unos llamativos carteles parpadeantes con una silueta femenina dibujada, le hicieron centrarse. Parpadeó un par de veces y forzó la vista, ante la puerta del local que representaba había una joven mujer muy… interesante y vestida con ropa provocativa que lo invitaba a entrar. Miró hacia atrás después de señalarse y se dio cuenta que iba en serio por él y, bueno, la carne llama así que no perdió el tiempo y entró. Por algo bueno que le ocurría… no se iban a creer sus colegas lo que estaba pasando cuando se lo contase. Lo cierto es que lo trataron muy bien, casi podría dudar que estuviera en una de sus fantasías mientras dormía babeando la almohada en casa pero lo cierto es que era muy real como también lo fue el par de mordisco que le metieron dos de ellas. Gritó como un poseso e intentó huir de allí siendo perseguido por mujeres que… ¡se habían convertido en hienas!

Sería un patoso pero corría como alma llevada por el diablo. A lo que se dio cuenta, estaba a las afueras de la ciudad y nadie le perseguía en la densa nocturnidad. Miró sus emponzoñadas heridas horrorizado, mareado por tanta sangre y llorando por el acojone hasta que, sin fuerzas, cayó de morros sobre la arena de aquella playa apartada perdiendo la vida en su inconsciencia. Al amanecer, una joven que hacía footing como todas las mañanas por allí, lo encontró tirado y fue a ver que sucedía. Este abrió los ojos, muerto de hambre y dejándose llevar por el instinto le plantó un buen bocado y se alimentó de ella. Y, ahí, es donde empezó la nueva vida de Yago. Al principio fue extraño, pero con el tiempo le pilló el gustillo conforme a las cosas que iba descubriendo; por supuesto nunca volvió a saberse de él en casa (quienes sufrieron su desaparición aunque el creyera lo contrario) y poco tiempo después de su conversión y con sus malos hábitos, conoció a un par de chavales de su quinta que lo pillaron en una situación comprometida comiéndose una pierna y ya pensaba que se la iban a liar pero, quién iba a decirlo, también eran Ghouls.

Por prevención ante aquél espabilado, los chavales lo llevaron a su casa junto a su familia estando encantado de acoplarse y descansar un rato pero lo cierto es que se le iluminaron los ojos en cuanto la familia le propuso que se quedase con ellos una temporada, al menos, hasta que aprendiera bastante de lo que debía aprender como Ghoul. Así pues, entre los Fleming, Yago pasó unos buenos tiempos, seguía siendo ese inquieto chaval de tan ingeniosas como incoherentes ocurrencias pero no estaba su padre para meterle collejas. Se sentía como si por fin hubiera encontrado una familia. Pena que volviera a cagarla.

Tras una caza en que se le hizo tarde y dejó algunos rastros confiado de que no pasaría nada, los cazadores le siguieron hasta la vivienda. Claro que ni se percató de ello pero después de volver a salir en su ignorancia; los cazadores acabaron con casi toda la estirpe Fleming. A su vuelta y ante el panorama desolador, Yago horrorizado dio por hecho que todos habían muerto por su culpa y se esfumó del mapa. Todo desde entonces tomo un rumbo pues… en su línea y se dedicó a hacer, pues eso, lo que le vino en gana sin ataduras ni mayores problemas que el escapar de los cazadores y no ser visto hasta que un buen día le comentaron algo de un grupo cuyo nombre le llamó la atención porque lo recordaba de cuando estaba con los Fleming y hablaban de sus aspiraciones. Cotilleando por Internet descubrió que ambos estaban vivos. ¡Qué mejor que reencontrarse con ellos tras tanto tiempo!, pensó. Así que, a Sunnydale que ha ido de cabeza; lo suyo no es meditar demasiado. ¿Para qué?

Otros datos:

  • Tiene hipermetropía así que usa gafas. Hay veces que no las lleva y aún se defiende pero si lo combina con borrachera (con lo que a él le gusta irse de juerga) es posible que se coma alguna farola.
  • Su cuerpo está repleto de tatuajes y tiene un piercing tanto en la oreja como encima de la barbilla con el cual suele juguetear cuando se distrae.
  • Sabe tocar diversos instrumentos entre los que destacan la batería y el teclado/piano. Aparte de ello tiene buena voz.
  • Siente, podría decirse claramente, fascinación por los arácnidos. Las tarántulas son sus preferidas y, de hecho, se ha traído consigo a su pequeña Deborah, Deb cariñosamente. También le llaman la atención los patos.
  • Lleva arrastrando desde la niñez hiperactividad aunque él no le dé la mínima importancia, su forma de comportarse lo dice todo.