Vladimir Vólkov

Edad: 34

Procedencia: Rusia

Raza: Humano

Poder: Supervelocidad

Otros datos:

  • Es experto en el manejo del arco y la autodefensa.
  • Único heredero de la fortuna Vólkov, posee múltiples mutinacionales a lo largo del mundo dedicadas a investigaciones biológicas y de nanotecnología aunque a veces también invierte en negocios ajenos que llaman su atención por el motivo que sea.
  • Ha llegado a enfrentarse a “cosas extrañas” durante sus intervenciones pero no es un Cazador, simplemente se toma la justicia por su mano sea quién sea (o lo que sea) el implicado.

Historia:
Los Volkóv provienen de una larga línea genética adinerada y noble que a mediados del siglo XIX comenzó a invertir en ciencia y tecnología como método de financiación y prosperidad. Creyeron que esas dos ramas de investigación serían el futuro y salta a la vista que tuvieron mucha suerte o sencillamente fueron unos visionarios.

Sea como sea a día de hoy los Volkóv poseen una de las empresas de I+D más importantes de Europa y desde luego la más destacada de Rusia, su nombre es Hyperion Corp.. Sus filiales y multinacionales se expanden básicamente por todo el mundo y cada una de ellas tiene su propia especialidad siendo la nanotecnología para microprocesadores y maquinaria médica la más destacable y respetada de todas ellas.

Las generaciones de Vólkov han sido instruidos desde pequeños en escuelas, instituciones y universidades de prestigio, centrando sus estudios en una de las dos ramas que les proporcionaron sus éxitos o derivándose a cualquiera que implique economía, dirección de empresas y demás “temas útiles” para seguir con el trabajo de siglos de esfuerza.

¿Qué ha pasado en el s. XXI? Los herederos se han relajado, su fortuna venía siendo tan extensa y acomodada que nadie sentía la necesidad de esforzarse por seguir con unas condiciones de vida óptimas y a todo lujo. Así pues la hermana menor de Vladimir, Svetlana, se dedicó al diseño de moda de alta costura mientras que él se limitó a dejar sus estudios empresariales para dedicarse a la vida de niño rico que siempre había tenido. ¿Quién quiere una oficina y responsabilidades pudiendo tener fiestas por todo lo alto cada día?

Las cosas cambiaron drásticamente el día en que Vlad, junto a sus padres y su por entonces pareja, decidió embarcarse en unas vacaciones en una de esas muchas islas paradisíacas y prácticamente desiertas del pacífico. Fue genial los primeros días, vacaciones por todo lo alto sin preocupaciones (aunque eso era lo habitual) hasta que al tercer día, mientras Vlad y su novia, Freyja, volvían de un chapuzón en un manantial cercano, se encontraron la playa prácticamente bañada en sangre. Alguien había acabado con todos los empleados e incluso con los progenitores Vólkov de manera brutal, con armas blancas a juzgar por los varios miembros amputados dispersos por la arena y que consiguieron que ambos terminaran vomitando.

Apenas tuvieron tiempo de recomponerse de ese shock cuando los supuestos asesinos hicieron acto de presencia, o al menos un par de ellos, aunque probablemente eran más. Tenían aspecto de mercenarios pero no es que fueran a detenerse a preguntarles quién les había contratado así que sencillamente corrieron hacia la selva para huir. Freyja tropezó y cayó al suelo estrepitosamente en esa huida, pidiendo una ayuda que Vladimir nunca llegó a darle. Se giró hacia ella, sí, pero al ver a esos dos tipos acercándose siguió corriendo en dirección contraria a favor de su supervivencia, escuchando los gritos de su novia de fondo. Esa es una de las imágenes más recurrentes en sus pesadillas incluso hoy día y uno de los motivos por los que se promete que no volverá a dejar a nadie atrás, dado que el arrepentimiento y la culpa le persiguen desde entonces.

Vladimir consiguió huir y los supuestos mercenarios le dieron por muerto tras hundir el barco en el que habían venido porque, ¿cómo iba un niño de papá a sobrevivir en un ambiente tan hostil?

Contra todo pronóstico lo hizo. Vlad se encontró a si mismo en aquella isla en la que muchas cosas determinantes y extrañas le sucedieron, descubrió que no era tan mundano como creía y que con su velocidad sobrehumana podía hacer grandes cosas. Qué distinta hubiera sido la situación si hubiera descubierto sus capacidades antes en lugar de distraerse con simples trivialidades y fiestas llenas de vanidades.

Después de tres años sobreviviendo a solas en la jungla fue encontrado por pura suerte por otro yate similar al que lo trajo hasta la isla. La noticia prácticamente estalló en los medios de comunicación durante las primeras semanas pero él ya no era el Vlad que todos recordaban y por tanto negó cualquier entrevista.

Una vez en casa le golpeó la noticia de la desaparición de su hermana menor poco después de lo acontecido en la isla por lo que ya lleva tres años en paradero desconocido y encontrarla se ha convertido en una de sus principales prioridades. Intuye que tiene mucho que ver con el que contrató a los mercenarios que deberían haberlo matado y por tanto la investigación para deshacer toda esa maraña de asesinatos acaba de empezar.

Ahora es el heredero y responsable principal de todas las empresas familiares aunque siendo sinceros él no hace gran cosa y delega la organización y las decisiones a sus consejeros de confianza. De vez en cuando supervisa como va todo desde su despacho, mayoritariamente a distancia, pero por norma general se encuentra más enfrascado en compensar todo el tiempo perdido ayudando a los que cree que se lo merecen y ajusticiando a aquellos que quedan impunes de crímenes bajo una especie de disfraz con doble identidad oculta. Tanto la policía como los criminales le han colgado varios apodos que pueden ir desde Robin Hood a El Encapuchado o simplemente El Arquero pero el caso es que empieza a ser odiado, temido y admirado por igual.

Actualmente se ha mudado a Sunnydale ya que la última pista entorno a su hermana, Sveta, la sitúa en sus inmediaciones. Vladimir no está muy seguro de que eso sea cierto pero es un hilo del que empezar a tirar y de todas formas el pueblo está tan “podrido” que vale la pena quedarse un tiempo para solucionar algunos asuntos.