Victoria Laroche

Jeanne Victoire Laroche nació en Francia, lugar del que no conserva muchos recuerdos ya, al igual que de sus padres. Cuando era muy pequeña fue descubierta como potencial y pasó a custodia de un vigilante de Angers durante unos meses, hasta que la trasladaron a Inglaterra, con unos 5 años, a cargo de un nuevo vigilante: Russell Redfern. El señor Redfern nunca había tenido una chica a su cargo a tiempo completo, aunque tenía experiencia en instruir de forma temporal a chicas antes de ser asignadas a otros lugares, que se le asignara la educación y la tutoría completa de Jeanne Victoire le cogió por sorpresa y era algo demasiado diferente a sus tareas normales.

Pese a intentar negarse al principio, por la juventud de la chica, acabó por acogerla y educarla. Desde el principio le hizo saber cual era el papel de cada uno, que era ella y porqué estaba allí. A los pocos días y negándose a esforzar una pronunciación francesa que, de todas maneras ella no iba a necesitar creciendo en Inglaterra, dejó de llamarla por su nombre completo y acabó llamándola Victoria, que pasó a ser su nombre.

Victoria se educó de una forma estricta, entrenamiento y conocimientos. Russell, pese a su trato frío se podría decir que se molestaba en asegurarle un futuro y la instruía al mismo tiempo para la cacería y para la vigilancia, ya que las probabilidades de ser elegida para cualquier potencial son muy pocas.

A los 14 años, ella empezó a darle dolores de cabeza a su vigilante, estaba harta de tanta disciplina y de que las únicas personas de su edad con las que trataba y no demasiado, eran otras chicas con las que solía entrenar. Sin embargo no tardó mucho en entender que no había solución, que nada iba a cambiar y que realmente no tenía a donde ir y decidió acatar ordenes de día, y escaparse algunas noches para “tener una vida”. Se hizo una especialista en fugas nocturnas y raramente Russell notaba que había dejado su habitación. Se iba de fiestas, acudía a conciertos y conocía gente… y antes del amanecer volvía y tapaba los rastros.

Hizo travesuras de adolescencia y con los años se convertía en costumbre, cada vez más refinada. Lo único que acusaba que ocultaba algo, era que sus modales se estaban perdiendo a marchas forzadas y estaba volviéndose una malhablada, producto de juntarse con un grupo de chicos bastante pintoresco, a los que por supuesto, mentía como una condenada sobre su vida.Eso no ocurría todas las noches, de todas formas. Algunas noches salía con su vigilante a practicar, en busca de vampiros novatos, otras salía con otras de las chicas en aprendizaje a despejar nidos, y otras, inevitablemente había que descansar para mantener todo ese ritmo.

A pesar de sus “indiscreciones”, como potencial se podría decir que era más que correcta, era devota y entusiasta de su trabajo, aunque siempre tenía que objetar por el trato de su vigilante. Un día éste le dijo que había recibido ordenes de un traslado y debían acatar. Él estaba reacio porque la orden especificaba que ella debía ir sola, pero ella estaba encantada porque eso significaba que trabajaría junto a las cazadoras elegidas en el punto clave de la acción, cosa que suponía casi como un ascenso de categoría para ella, si es que tal cosa en las potenciales era posible, y porque iba a perder de vista un tiempo a Redfern y sus horarios militares.

Victoria en su aspecto original, antes de robar el cuerpo de Dana.

Tras semanas de feliz trabajo (??) en Sunnydale, fue asesinada por Rhona en una emboscada en la que muchas chicas cayeron y otras salieron heridas. Sin embargo no todo acabó ahí, sin saber muy bien como ni porqué, poco tiempo después recuperó el sentido, pero no su cuerpo. Victoria vagaba convertida en fantasma, aunque a todos los efectos seguía siendo ella, su personalidad, sus preocupaciones y sus deseos, solo que ahora su “vida” estaba mucho más limitada por su nueva condición. No llevaba para nada bien estar atrapada en esa forma aunque si la solución es “morirse del todo” como dice ella, tampoco le convencía mucho.

Después de darle muchas vueltas y estudiar muchos libros, colándose en bibliotecas públicas o privadas de noche, se decidió a probar. Una noche de Nochebuena poseyó el cuerpo de Dana McGee, una chica en coma que llevaba tiempo observando, convencida de que “el espíritu” de la misma ya no estaba. Pero su plan no contaba con lo que ocurriría después de volver a la vida en el cuerpo de otra persona; ahora tendría que fingir delante de la familia de la chica, sólo que no consigue hacerlo bien; por una parte porque en realidad le importan varios puñados de pimientos, y segundo porque el cambio de actitud, gusto al vestir, y hasta el vocabulario es muy notable. La familia, de momento, quiere pensar que son efectos adversos normales, por el trauma y todo lo demás.

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