Tennessee Jocelyn “TJ” Locke

Edad: Quiso dejar de contarlos a los 25, las malas lenguas dicen que tiene alguno más.

Especie: Humano no consciente de lo paranormal.

Carácter: Tiende a dejarse llevar por las pasiones sin pensar demasiado en las consecuencias que puedan tener sus actos ya sean positivas o negativas. Es muy extrovertido, algo infantil y optimista, no suele tener ningún tipo de dificultad a la hora de relacionarse con la gente. Por muy simpático y majo que sea, en el momento que se cabrea es mejor salir de la escena si no se quiere salir perjudicado.

Se desplaza por allí en longboard, aunque tiene tablas algo más pequeñas para hacer acrobacias además de usarlas para paseo. Siempre tiene un paquete de cigarrillos en el bolsillo además de otras sustancias junto a él de las que no tiene problema en ofrecer por un módico precio.

Historia: Nació en Santa Barbara y ya desde bien jovencito renegó de su nombre pidiéndole a todo el mundo que le llamase TJ. Era un estudiante más o menos del montón aunque pasase entre poco y nada por las aulas porque prefería irse a practicar con el monopatín a un parquecito cercano a la escuela. Siguió el mismo modus operandi hasta que se sacó todas las titulaciones obligatorias y desde ese momento se dedicó a vivir la vida de una forma un tanto hedonista.

Se dejaba caer en todos los placeres que se le presentaban haciéndole así un consumidor asiduo de alcohol y drogas llegando a vender de estas últimas para sacarse un dinerete extra del que le daban sus padres y poder seguir viviendo en esa línea. Una vez sus padres se hartaron de él, le echaron de casa y se fue a vivir con unos conocidos a los que a veces les pasaba droga y empezó a cultivar su propia marihuana para autoconsumo y venta sacándose de esa forma los cuartos hasta que consiguió trabajo como camarero en un pequeño restaurante local que, por desgracia, quebró.

TJ siguió moviéndose por el mundo de la hostelería, al que había cogido cierto gusto ya que no sólo sentía que valía para ello gracias a su don de gentes, sino que encima le permitía conseguir nuevos clientes pero Santa Barbara empezó a resultarle aburrido porque si lo pensaba detenidamente, nunca había salido ni a los pueblos vecinos y empezaba a tener la sensación de que vivía entre cuatro paredes y que necesitaba ver mundo. Un día, cuando acabó su turno, se acercó a la estación de autobuses y mirando horarios y pueblos le pareció bonito el nombre de Sunnydale y pensó que sería un buen destino para empezar.

Pidió librar un fin de semana y una vez le fue concedido cogió el autobús y marchó a donde había elegido. El sitio no le disgustó y consiguió una habitación barata en la que pasar la noche del sábado al domingo, así que cuando cayó la noche pasó también a conocer la otra faceta del pueblo. Fue a un par de bares, bebió, habló con gente… Y hubo una persona que llamó particularmente su atención, un indio llamado Yash. A día de hoy, Tj sigue sin saber quién estaba más borracho de los dos para terminar hablando con él sobre montar juntos un restaurante y, lo más increíble, pactarlo seriamente y llegar a hacerlo realidad.

Yash le explicó que no lo había abierto por su cuenta porque no disponía de bastante dinero, por ello Tj pondría lo que faltaba esperando que si el negocio tenía éxito le compensase así que, además de eso, también buscaron un pequeño piso al que mudarse juntos. La mudanza fue bien y el negocio fue prosperando junto a los trapicheos del joven, quien era feliz de haber podido dejar por fin atrás su casa dando así sus primeros pasos para poder empezar a ver mundo.

A día de hoy, Yash y Tj viven en una casa unifamiliar a la que se mudaron prácticamente en cuanto tuvieron oportunidad. ¿El por qué juntos y no cada uno por su cuenta? Si se le pregunta al descuidado joven que va deslizándose sobre una tabla simplemente sonreirá y dirá que tienen unos lazos de amistad inquebrantables que encima se van haciendo más fuertes cada día que pasa. A pesar de sus palabras, guarda algunos pequeños secretos a su amigo, como su trabajo extra de camello.

Otros: A pesar de trabajar en el restaurante, apenas pisa la cocina más que para coger los platos ya que se dedica más a las labores de cara al público y a servir.

En cuanto puso un pie en la casa gritó que se pedía la buhardilla como habitación y corrió escaleras arriba con un rotulador en la mano para firmar en la pared reafirmando el territorio como suyo.

Bajo uno de los tablones del suelo de la buhardilla, guarda ahorros para poder dar la vuelta al mundo algún día ya que es su sueño.

Sigue cultivando la marihuana que vende en un pequeño huerto bastante escondido por las afueras de Sunnydale del que supuestamente sólo él sabe la existencia.

Padece dislexia, aunque trata que no sea un dato de dominio público. Para quitarle peso al asunto, si comprende mal alguna de las palabras que lee lo achaca a que no estaba concentrado aunque una extraña sonrisa aparece justo a continuación de ello.