Rhona

Rhona

R

Nacida en una familia de cierto prestigio social galesa, aunque no tanto económico, con el nombre de Rosaline Rhonwen Wolstenholme, Rhona se crió en un ambiente de ostentación y apariencia, y vivió la sociedad barroca en primera fila. Desde temprana edad mostró ambición y un talento propio para la manipulación, lo cual le ayudó a lograr metas y fortuna, e incluso un pequeño condado inglés, regalo de “aniversario” de uno de sus “muy intimos contactos” en las altas esferas.

De alguna manera se podría decir que en aquella epoca, Rhona era algo más o menos parecido a una prostituta, pero una prostituta muy buena, selecta y tremendísimamente cara, que acabó convirtiéndose en una gran señora. Vivía para toda la pantomima social, fiestas, bailes y conciertos que ella misma llegaba a patrocinar, y de hecho llegó a inspirar a algunos artistas de la época (a los que también patrocinaba de buen gusto si encontraba en ellos talento y gusto suficiente) hasta el punto de existir en un museo francés una estatua de marmol tallado titulado “Lady of Rutland” dedicado a ella.
Una noche, en una de sus ya legendarios (???) bailes, un invitado no esperado se presentó y le hizo una oferta que ella no pudo rechazar. Toda ésta gloria, su belleza, tal como se veía en ese momento, y un mundo infinito de placeres y poder, para siempre. Quizás la entonces condesa, había bebido algo más de lo que su sentido de la sensatez podía soportar, quizás estaba abrumada con algunas cosas que habían ocurrido esos días y la dejaban algo más predispuesta a algo así, o como fuera, simplemente era lo bastante vanidosa y ambiciosa para aceptar sin hacer preguntas. El caso es que lo hizo y aquella noche dejó de ser humana.

La “fiesta” duró varios años, se inventaba excusas sobre su delicada piel para no acudir a eventos diurnos y se empezó a rodear de jóvenes chicos y chicas que acudían de forma asudia a sus reuniones nocturnas y de los cuales casi siempre se veía rodeada. Era su pequeña familia que fue formando poco a poco y que mantuvo hasta que la suerte la abandonó. Con el tiempo, la gente se preguntaba como conseguía mantener la juventud, y no tardó mucho hasta que se encontró siendo atacada por algún cazador por libre. Rhona empezó entonces su “gira”, viajaba con su “séquito”, se valía de su titulo y de la lentitud con la que viajaban algunas noticias y establecía un tiempo en algún lado viviendo la vida que ella quería. Pero pronto llegó el tiempo en que tuvo que empezar a prescindir de los nombres y pasar desapercibida, pues ya eran más los cazadores, y lo que es peor, cazadoras que tenían noticias de su existencia y su modus operandi, así como una lista de sus acompañantes habituales. Poco a poco Lady Whostenholme de Rutland se convirtió en un recuerdo lejano, respondiéndo a distintos nombres según la ocasión lo precisara, y para sus acompañantes también prescindió de títulos, siendo llamada por ellos, con confianza y cariño, por el diminutivo de Rhonwen: Rhona, nombre que ha sido su único simbolo de su antigua identidad hasta ahora.

Sus niños, sus retoños, como los consideraba (aunque el afecto que les mostraba distaba bastante de ser maternofilial) fueron cayendo uno a uno por el camino, huyendo hasta América en un barco de mala muerte, experiencia que no olvidará de por no-vida (?). Viendo su existencia y la de la única vástaga viva que le quedaba amenazada inminentemente, buscó a una experta practicante de vudú en Nueva Orleans de la que había oido hablar con el fin de obligarla a realizarle algún trabajo de protección, pero ésta se negó al descubrir que clase de “persona” era la que le pedía el encargo. Ni las amenazas de muerte pudieron disuadirla y al final Rhona acabó por matarla en un arranque de ira vengativa y frustración. Aquella mujer, habría previsto que ésto podía pasar y había preparado un plan de castigo: una de sus posesiones, un amuleto que Rhona creía que tenía propiedades protectoras en realidad parte de una maldición que caía sobre ella. Así, años después buscando refugio, ya sola en Sunnydale, California, escapó una noche de un grupo de cazadores freelance, y se escondió en una de las criptas del cementerio. Sin embargo los perros rastreadores encontraron u srastro y la alcanzaron. Tras una pelea, y aunque ella pudo acabar con dos de los cazadores, una estaca por la espalda la convirtió en ceniza.

Pero no estaba muerta. Si bien se dice que los vampiros no tienen alma, Rhona debería tener algo parecido, un espiritu, una conciencia… vió pasar los años y las decadas, encerrada sin cuerpo en esa cripta, sin ser consciente de lo que ocurría fuera, sumida en sus propios pensamientos hasta imaginar que estaba en un absurdo sueño, o tal vez así era el infierno, vacío y aburrido por la eternidad. De alguna manera así era, era el castigo de aquella sacerdotisa vudú, era el infierno a medida para un ser que no conocería un infierno real de otra manera, una muerte fisica pero no mental eterna. Pero a comienzos del siglo XXI, una casualidad llevó a una poderosa bruja llamada Kaori, a notar algo anormal en una cripta del cementerio y en su curiosidad hizo algo que devolvió a Rhona a su estado físico. Para Rhona, era la confirmación de que no era un sueño, todo el mundo había cambiado a su alrededor.

Desde entonces, ha creado vínculos con otros vampiros, se ha involucrado en cosas… Y ha formado una especie de familia junto a Brendan como su compañero principal, y varios vampiros a los que considera sus nuevos hijos, incluyendo a Arlene, antigua vigilante del Consejo que ahora es su primer vástago desde que volvió a la “vida”. Sus ambiciones principales es volver algún día a la antigua vida de hijos-amantes y fiestas de lujo, aunque sabe que será dificil mientras las cazadoras sigan aumentando de número a su alrededor. Con respecto al amuleto, ella cree que fue un milagro y no una maldición, a fin de cuentas ella sigue “viva” y rehaciendo su familia.

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *