Mercy Brahms

Mercy, hija segunda de los Brahms, vivía con su familia en el Sunnydale de los años 20. Su padre era médico, por lo que no tenían problemas económicos, y ella podía permitirse vivir tranquilamente mirando crecer la hierba. Todo iba bien hasta que recibieron la noticia de que su hermano se había contagiado de la gripe española en el frente y debía ser ingresado en un hospital de campaña. Su padre, que era consciente de la mala situación de estos lugares, decidió traérselo a casa, seguro de que sanaría antes en mejores condiciones. No fue un movimiento muy inteligente porque en vez de eso contagió a toda la familia y Mercy, que estaba enferma de neumonía, no tardó en morir. Fue enterrada junto con sus padres y hermanos en el cementerio de una pequeña iglesia, y su cuerpo olvidado durante varias décadas hasta que una noche escuchó un ulular sobre su tumba y despertó sin más. A pesar del mal estado del ataúd pasó varios días gritando y aporreando la tapa hasta que finalmente cedió, tiempo durante el cual no necesitó comer ni beber nada. Cuando consiguió salir de allí un vecino la encontró y tomándola por una amish chiflada la llevó al hospital, donde no hallaron signos de que se hubiera pasado casi un siglo bajo tierra. Un par de horas más tarde, Mercy estaba suelta y desorientada en un mundo que no conocía.
Instintivamente fue a esconderse en su antigua casa, convenientemente abandonada desde que la familia muriera, pero en cuanto se quedó dormida comenzó a soñar cosas extrañas. Al cabo de un tiempo de sufrir esas pesadillas empezó a sospechar que quizás no lo fueran tanto, y que tal vez el despertarse después de un siglo de muerta no fuera lo más normal del mundo. Llegó a plantearse si no sería un vampiro como los de las historias que le contaban de pequeña, pero ya había salido a la luz del día y no le había pasado nada, así que a lo peor era un hombre lobo o una bruja malvada… pero no tenía muchas ganas de comentárselo al primero que pasara, así que decidió intentar averiguarlo por su cuenta. Inevitablemente llegó el momento en que tuvo que salir a la calle y así se fue acostumbrando poco a poco a ese nuevo mundo. Sin embargo, años después sigue sin tener ni idea de en qué clase de ser se ha convertido, y ya no puede negarse a sí misma sus curiosas costumbres alimenticias.

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