Matthew Lincoln

Matthew Lincoln

Edad: Parece algo más mayor, pero tiene cuarenta y dos años. (Envejeció mal (¿?))

Especie: Humano, sin poderes.

Carácter: Serio, no suele hablar mucho a no ser que tenga confianza con quien habla o esté dando clase, aunque allí las tornas cambian ya que habla de su pasión, la historia. Es habitual encontrárselo en la biblioteca mirando algún libro, rara vez se le encontrará dando un paseo, en un parque o en una plaza, donde si se le ve, será con un libro en las manos o pensativo. Le gusta la música clásica, y no es extraño que se ponga a tararear alguna pieza si está feliz. Pocas veces muestra sonrisas amplias, de la misma forma que tampoco llora delante de nadie, pero no por ello esconde cómo se siente. Puede apreciarse que es una persona bastante tranquila.

Físico: No es demasiado alto, ronda el metro sesenta y cinco y, es de constitución delgada. Tiene el pelo un poco largo, de un tono rubio, tirando a pelirrojo y algo ondulado y sus ojos son de un azul oscuro, cosa que no se aprecia demasiado cuando se le empañan las gafas. Suele llevar ropa semiformal, aunque tiene un chándal al fondo del armario. Lleva siempre colgadada del cuello una chapa plateada con su nombre grabado y una E por detrás.

Historia: Matt era uno de los mejores profesores del instituto en el que daba clases, donde prefirió quedarse a pesar de llegar a sacarse una cátedra y un doctorado por la comodidad de no tener que cambiar su domicilio.
No sólo se quedó en el centro por eso, claro, tenía una pequeña biblioteca en la que podía pasar las horas libres si no lo hacía en la cafetería, a vece intentaba arrancar una serie de notas de las cuerdas del piano que había en el aula de música y, a pesar de no ser muy hablador, se llevaba bastante bien tanto con sus compañeros de trabajo como con sus alumnos, entre los cuales existía el rumor de que era un pedófilo.
Ese rumor no estaba demasiado lejos de la realidad, pero tampoco era cierto. Matt no se acostó nunca con un menor, ni mucho menos abusó de él o se sintió atraído de esas formas, salvo porque se enamoró de Elisabeth, una de sus alumnas de dieciséis años con la que entabló una relación sentimental que parecía recíproca.
Hablaron de hacer su relación pública una vez que Elisabeth fuese mayor de esas y dejase el cenro, pero un día la madre de ésta les vio cogidos de la mano y fue a preguntar a su hija, la cual dijo que Matt le obligaba a hacerlo y que abusaba de ella a cambio de que le aprobase su asignatura.
Matt se sorprendió cuando le llegó la denuncia y buscó a Elisabeth para decírselo, a la cual le costó encontrar dado que parecía que huyese de él. Una vez pudo dar con ella, Elisabeth le dijo que había hablado con su madre sin pensar y que parecía que no la había entendido mal, que por eso tenía miedo de hablar con él. Matthew la tranquilizó cuando se le echó a llorar y la muchacha le prometió que aclararía el asunto.
El juicio que iba a acontecerse por la denuncia se suspendió unos días antes de que tuviese lugar ante la declaración que hizo la propia Elisabeth en la comisaría. Matt se sorprendió al enterarse de que la muchacha se había cambiado repentinamente de centro de estudios sin decirle nada, así que indagó en el asunto hasta que se enteró de que lo que en realidad había pasado era que toda la familia se había mudado a otra ciudad ya que Elisabeth había confesado que se había camelado a su profesor para poderse asegurar buenas notas.
Matt, destrozado y cansado de que le señalasen con el dedo fuese a donde fuese, decidió aceptar el puesto que le ofrecieron en la universidad, al cual le quitaron también la posibilidad de acceder cuando se enteraron del asunto que le había llevado a dejar también el instituto. Probó en otros centros de enseñanza, pero en todos le negaban la entrada.
Sin saber demasiado bien que hacer y con la sola idea de alejarse de la ciudad, Matt miró apartamentos baratos a los que poder mudarse y dio con un pequeño piso en Sunnydale, al que se mudó en cuanto tuvo oportunidad esperando poder empezar de cero contando con la suerte de que nadie le conocía allí.