Junko

Junko

Ella vió la bomba, lo bastante cerca para que esa imagen no se le borrara de la mente jamás, y lo bastante lejos para poder contarlo.

Tenía 16 años aquel día de agosto del 45 en que Hiroshima fue arrasada por “Little Boy”, y se notó en Yuki, donde vivía con su madre y un hermano pequeño. Los efectos de la explosión no se notaron sólo en la ciudad afectada, sino que en algunas zonas de los alrededores sufrieron los efectos secundarios de la radiación. Unos cinco años mas tarde muchas de las personas a su alrededor habían sufrido alguna u otra dolencia relacionada con el bombardeo. Su madre había muerto de algo que los médicos no supieron determinar y ella había caido enferma, no sabía bien qué era pero le estaba destrozando por dentro, empezando por el estómago dejándola casi sin poder comer nada. Durante mucho tiempo, y mientras aún podía moverse, iba al templo de noche (?) a implorar a los kami algo más de tiempo para no dejar a su hermano solo. Una noche se presentó ante ella una figura que decía estar concendiéndole respuesta a sus plegarias.

Era un hombre joven de pelo largo, que decía llamarse Hotaru. Él la convirtió en parte de lo que es ahora y cuando su hermano empezó a mostrar síntomas similares, le enseñó que no podían hacer lo mismo con un menor, no saldría bien.

Estuvo un tiempo junto a Hotaru y despues otra chica más(?) sin salir apenas de Japón, salvo pequeños viajes a lugares asíaticos cercanos, hasta que una aprendiz de cazadora llamada Mariko mató a Hotaru y a la vampira novata.

Desde entonces Junko se dedicó a viajar, y uno de sus principales propósitos fue América, donde quería vengar lo ocurrido a su familia y a muchos que conoció en su juventud y que murieron en la guerra, desangrando americanos, uno a uno (?????). Sin embargo al llegar allí a finales de los 60 se dió de frente con el rock, la psicodelía, y los movimientos hippies, en los que acabó metida. Su sed de sangre es actualmente, una simple necesidad y si bien no admira demasiado al genero humano y su facilidad al belicismo, más que nada por su propia experiencia, tampoco tiene grandes deseos de exterminio. Una parte de ella vive anclada en el espíritu de Woodstock, y tras haber tratado con humanos consumidores de ciertas “sustancias”, ha estado buscando ese mismo efecto en ella, pero no hay droga humana que le haga demasiado efecto.

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