Jordan Kincaid

Jordan Kincaid

Cuando era pequeña su madre murió de una enfermedad que se le complicó y avanzó demasiado rápido. Lo que ella recuerda de aquello, que es poco, es que su madre un día estaba bien y poco después ya no estaba con ellos. Casi todo lo que sabe de ella es por fotos y por lo que le contaba su padre, un teniente policía de Chicago. Apenas pasaron un par de años de la muerte de la madre cuando su padre se vio en un caso turbio que acabó como el rosario de la aurora, con algún agente muerto y amenazas a sus familias. Cuando consiguieron solucionarlo, su padre dejó aquello por miedo a volver a temer por su hija y abrió una cafetería en un local de su misma calle, aunque el policía seguía muy activo dentro de él. Así Jordan creció entre historias de policías y olor a café, y cuando para cuando iba al instituto una costumbre “familiar” era diseccionar los casos criminales que aparecían en los periódicos, proponer posibles escenarios y culpables.

Por entonces, hubo una época en la que creía que su vocación estaba en la medicina, tras una epoca en la que había pensado que su vocación estaba en ser bombero, y otras similares. Pero la idea de la medicina fue bastante lejos, hasta que una vez en prácticas varios tropezones en el camino, decidió que aquello era algo que no podría soportar, y las cosas acabaron propiciando que su carrera diera un giro hacia la medicina legal. Acabó convertida en la examinadora médica para la policía de Chicago, decisión que le costó una buena bronca con su padre a quien no le hizo demasiada gracia que se involucrase con la policía, después de su propia experiencia. Y aun peor cuando ella empezó a involucrarse mucho más en serio en casos complicados. Aunque destacaba por su trabajo y por las ganas que le ponía, su carácter le ha metido en problemas más de una vez y eso la ha llevado a tener un expediente colorido. De humor cambiante e impulsivo, ha tenido problemas a la hora de “respetar los rangos” alguna vez, y de actuar sin tener muy en cuenta los protocolos o incluso a veces, el sentido común, lo que la lleva a ser una candidata perfecta para despidos y denuncias. Así es como pasa de Chicago a Houston, de Houston a Nueva York y de Nueva York a Los Angeles, en traslados, despidos y nuevas solicitudes y, entremedias, terapia anti-estres y evaluación continuada obligatoria como requisito para mantener su puesto de trabajo.

En Los Angeles las cosas iban bien durante un tiempo, su equipo era genial, y el trabajo daba frutos. Hizo buenas migas con un compañero: Nigel, un inglés fascinado con el cine de terror, que se acabaría convirtiendo en posiblemente el mejor amigo que haya tenido jamás, después de su padre con quien, desafortunadamente, ya no se hablaba casi por culpa de la cantidad de líos en los que se metía.
Pero entonces algunos cuerpos llegaron con “cosas” extrañas y era imposible dar causas de la muerte medianamente creíbles. Como de costumbre, empezó a investigar por su cuenta y a meterse en terreno pantanoso. Alguien poderoso de la zona (Wolfram & Hart) vio que estaba moviendo porquería dentro de sus intereses y no les costó demasiado sacarla de escena, desacreditando algunos de sus trabajos y nombrándola poco menos que loca paranoica con tendencia a la agresividad.

Ella y medio equipo acabaron en la calle.
Cuando ya se veía trabajando en el depósito de un hospital de algún pueblecito del sur, recibió la confirmación de una entrevista para un empleo “en lo suyo”, necesitaban personal extra en la morgue, laboratorios e incluso agentes de calle para el creciente cuerpo de policía e investigación criminal de un desconocido pueblo de California, con una tasa de mortandad y criminalidad por las nubes. Trabajo no le iba a faltar.
Tanto ella como Nigel acabaron allí compartiendo equipo de nuevo, pero este nuevo lugar era mucho más complicado. A lo largo de los últimos años vieron muertes de todas clases, que la mayoría de los casos no se pueden cerrar porque no se puede dar un informe completo real, y que la magia, los demonios y los vampiros existen.

Durante su estancia en el cuerpo de Sunnydale, Jordan ha pasado por varios cambios en su vida, perder a su mejor amigo, replantearse todo su trabajo y su futuro, y recientemente dar un paso gigantesco en su relación con Terry, un compañero con quien estuvo compartiendo cafés durante meses hasta que el café llevó a una cosa, y luego a otra…
Actualmente intenta salir adelante de una crisis personal tras lo ocurrido en un asalto e incendio de una buena parte de la morgue y los archivos, y la muerte de Nigel, soportar su superior de departamento, y afrontar la formalización de su relación con una parte de miedo y otra de ilusión.

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