Jeremiah “Jarko” Lindqvist

Nombre completo: Jeremiah Connor Lindqvist
Apodos: Jarko (variante de Jeremiah en finlandés), el pequeño/mini Jarko y cosas por el estilo con respecto a su estatura
Raza: Humano/Intento de alquimista oxidado e inexperto
Edad: 29 años
Nacionalidad: Finlandesa
Profesión: Científico loco Químico frustrado. Desde su regreso, más o menos, trabaja en el negocio familiar.

Mejor no te dejes guiar por la hipótesis de que con esa sonrisilla y semblante tan de niño bueno fuera a estar engañándote y vaya a ser un tío mezquino y listillo en realidad, porque no, si algo caracteriza a Jeremiah desde que tiene uso de razón es de ser tan bueno que parece tonto con todas las letras de la palabra. Con el paso de los años ya no es tan ingenuo ni manipulable como lo era de crío y le estiraban de los calzoncillos por detrás, pero vamos, que tampoco es que la cosa haya cambiado demasiado que se diga. Al menos los tirones pasaron a formar parte del pasado. Es buen chaval como pocos, muy bondadoso y siempre con buenas intenciones pero no muy espabilado aunque eso sí, se esfuerza. Un Peter Pan de la vida, parece que su mente se quedó apalancada en edad temprana y no le toma excesiva importancia a lo que comúnmente lo haría uno de su edad y lo mismo ocurre con aquello a lo que efectivamente le da más importancia y puede ser menos propio de esa treintena que le pisa los talones.

Es bastante espontaneo con sus tonterías a la par que una persona calmada y simpática, no tiene problema en acercarse a otros pero lo normal en él es que esté con la mente en las nubes, seguramente en el País de Nunca Jamás. Por lo que muy fácilmente se le va el Santo al cielo y resulta ser un zoquete de renombre si se lo propone. El típico que mete la pata casi en cuanto abre la boca, tiene dos pies izquierdos y tampoco es que sea un tío al que normalmente le sonría la suerte. Tampoco es un experto socializando aunque esa práctica no la lleva mal y con sus allegados es sumamente cercano, agradable y, la verdad, aún nadie tiene claro si es capaz de enfadarse aunque sea sólo un poco. Es muy familiar, cuida de ésta y de sus seres queridos como buenamente sabe, le disgusta que puedan tener algún problema con él y no es dado a la acción o los conflictos. Él prefiere más dialogar y a la mínima en que note una actitud poco habitual con los suyos seguro que inicia una especie de monólogo para intentar solucionar el problema, si es que lo hay claro.

Manso y muy doméstico, un muchacho bien amaestrado que de verdad que si le pides algo acudirá a cogerlo. Fácil aprovecharse de él, pues tampoco se quejará aunque pudiera acabar dándose cuenta de que le toman el pelo y pudiera sentirse un tanto inútil. De todos modos, no le importa hacer favores al resto, por algo tenía que ser el que se ganase hasta día de hoy ser considerado el ojito derecho de su madre, ¿no? Arrastra de siempre un ligero problema con el sector femenino y es que él es más dado a llamarle la atención una mantis religiosa que una jovencita con un cinturón por falda. Cabe añadir que lo de pillar indirectas del tipo que sean le cuesta por lo que usa la risa como comodín y se puede poner a tartamudear hasta que le chasqueen los dientes. Vamos, sigue conservando ese toque para unos pocos considerado de encantador suyo para otros, y en resumidas cuentas, de bicho raro y pringado. Fama que se gana pero que no es tan fácil de perder y parece que tampoco es que le importe excesivamente.

Biografía:

Jarko fue el segundo de los cuatro hijos de la pareja de los Lindqvist, natal de las tierras finlandesas pero también con raíces estadounidenses de parte de su madre. Desde pequeño siempre fue un buen chaval, muy apegado a su familia, cariñoso y simpático pese a ser bastante tímido siéndole habitual ese detalle de sus rarezas y gustos peculiares desde que tenía uso de razón. Su vida en la escuela no es que destacase por grandes logros pero era cierto que se esforzaba con sus estudios bastante para poder ir sacándose los diferentes cursos. Era un chico con gran déficit de atención y tampoco es que fuera brillante que se dijera pero era trabajador, curioso y con afán de aprender por no olvidar el cómo disfrutaba sobre todo con la química y su investigación lo cual aunque significase que tenía sus obstáculos para avanzar no tiraba la toalla dándole sus frutos. Logró ir sacando sus estudios hasta en un futuro llegar a tener una carrera bajo el brazo. El trayecto fue complicado pues era el típico chaval al que usar de objetivo para jugarretas y poco dado a disfrutar de las nuevas experiencias que brindaba la adolescencia pero a él le gustaba su modo de vida.

Llegó un momento que por problemas de salud de su abuelo, toda la familia tuvo que marchar a establecerse en Sunnydale. Lo cierto es que no sería raro pensar que Jarko fue el que mejor se tomase lo del traslado como no se esforzaba por disimular, le gustaba el ambiente y tampoco es que dejase mucho atrás en las tierras nórdicas. Sus padres tuvieron que encargarse del negocio que previamente regentaban sus abuelos. Jarko no paso más que unas vacaciones por allí ya que tenía que seguir con sus estudios, siendo aceptado para seguir cursando su carrera en Boston. Allí paso sus últimos años universitarios con nuevas amistades y algunas experiencias soltándose el chico más. De hecho, su compañero de habitación, en concreto, le desveló que conocía de la ciencia de la transmutación. Con alguna que otra demostración y la propia puesta en práctica logró experimentarlo ante sus propios ojos. Sin embargo, en cuanto ambos terminaron la carrera de una vez por todas, sus caminos se dividieron y no volvieron a saber nada el uno del otro y, con ello, Jarko dejó de lado la alquimia.

Unos cuantos trabajos sin contrato fijo en empresas relacionadas con puestos de lo que había estudiado que no le habían llevado a ninguna parte y un billete a la casa familiar en Sunnydale hizo que hace relativamente poco, Jarko se presentase ante la vivienda familiar dejándose de lo poco que llevaba encima de dinero para pagar el taxi que lo había acercado hasta el pueblo y volver con los suyos para quién sabe si probar suerte en el pueblo o disfrutar de un nuevo comienzo y las opciones que le brindase. Le agrada volver con sus familiares con quienes no se cortó en demostrar que había echado en falta y por supuesto la gran alegría que se llevó su madre al saber que volvía. De momento, al menos, parece que se organiza medianamente bien con sus hermanas para hacerse cargo del ultramarinos de la familia.

Curiosidades:

  • Desde pequeño fue un chico bajo y quizá fue cuestión de falta de unos cuantos packs de Petit Suisse o cosa de genética por lo que acabase quedando en el 1, 68 cm de estatura.
  • Sabe tocar la guitarra y el saxofón pero sólo como mera afición, no fue el típico chaval que quisiera formar parte de un grupo o más que nada sabía de entrada que iban a pasar de él.
  • Tiene una importante cantidad de tatuajes y también piercing en orejas, la nariz y otro en el labio.
  • En su época de universitario como tantos otros le dio a la Marihuana. Aún hoy en día, quizá para “rememorar viejos tiempos” alguna vez sus hermanas le han pillado con las manos en la masa, o en la hierba más concretamente. Aparte de eso fuma tabaco como un carretero.
  • Le encanta picotear entre horas y por encima de todo, la comida basura. Adora las hamburguesas.
    Desde aquella época en que su colega le mostró el mundo de la alquimia, no ha vuelto a practicarlo si es que tan apenas empezó.
  • Le encantan los animales, desde crío traía de todo a casa. Ha tenido desde hormigas pasando por gatos hasta a tener una serpiente en su habitación. A su regreso a la humilde morada, de hecho, se trajo a un nuevo inquilino consigo una mascota bastante corriente para los gustos de Jarko. Su perro Sparky (algo peculiar también).
  • Como aliciente a lo de arriba, de pequeño fue un apasionado de los insectos, de esos que los coleccionan y todo. Bueno, aún hoy en día le chiflan al igual que la naturaleza.