James Warren Haly III

James Warren Haly III

James pertenece a una familia muy adinerada, sus antepasados ingleses amasaron su fortuna durante la revolución industrial, y la familia emigró a Estados Unidos a principios de siglo, durante la Primera Guerra Mundial. Creció viviendo en mansiones en mitad de ninguna parte, con profesores particulares y recibiendo clases de materias comunes así como de otras más particulares, como equitación y protocolo. Cuando llegó a la edad de empezar la secundaria, lo enviaron a un exclusivo internado para niños ricos, y este primer contacto con el mundo exterior le hizo darse cuenta de que el entorno en el que había crecido no se parecía nada al nivel de vida de la inmensa mayoría de la gente. Desde la adolescencia, Jim tuvo mucha inquietud política, nada más cumplir los 18 se afilió a un partido de izquierda muy izquierda, de ideología casi comunista. Además, se matriculó en la universidad para estudiar psicología. Estas dos cosas hicieron que su relación con sus padres y en general toda su familia se deteriorase mucho, si no lo desheredaron y lo echaron de casa a patadas directamente fue porque sus padres aun tenían la esperanza de que fuese “una fase” de rebeldía juvenil. Más tarde se arrepentirían de esto, porque cuando los amigos sindicalistas de Jim le dijeron que iban a denunciar a la empresa de sus padres por explotar a trabajadores inmigrantes, él fotocopió documentos de la contabilidad “secreta” que demostraban las irregularidades, y luego testificó en un juicio contra ellos. Este caso fue un bombazo en todo el país, y tuvo varias consecuencias directas que cambiaron para siempre su vida. Nadie de su familia volvió a dirigirle la palabra a Jim y obviamente dejaron de pagarle la carrera, así que tuvo que empezar a trabajar de camarero y limpiador, pero al mismo tiempo esto supuso mucha publicidad para su partido y le dio a él una reputación enorme de idealista y luchador incansable por los derechos de los trabajadores. Esta fue una de las razones de que dos años después, con la carrera recién acabada, lo nombraran candidato de su partido en las elecciones municipales, y saliese elegido concejal. La experiencia lo desilusionó mucho, porque la corrupción estaba por todas partes, los fondos que se asignaban a proyectos sociales eran prácticamente calderilla, y en general no le tenían en cuenta para nada. Cuando acabó la legislatura, no tuvo más remedio que dejar la política, porque aunque sabía que había logrado hacer algunas cosas buenas en el ayuntamiento, el estrés y la presión le estaban pasando factura en su vida personal. Comenzó a trabajar por fin como psicólogo, en un centro de Planificación Familiar. Él siempre había tenido éxito con las mujeres, pero nunca había tenido una relación duradera hasta que conoció a Sharon, una de las doctoras del centro. Pronto se fueron a vivir juntos, tuvieron un hijo, y si no se casaron fue sencillamente porque no creían en el matrimonio como institución. Ella era una abortista vegana y budista que había estudiado medicina porque su mayor ambición en la vida era ayudar al mayor número de personas posibles. Jim la quería, mucho, pero decidieron de mutuo acuerdo y amistosamente separarse cuando ella decidió irse con Médicos sin Fronteras a poner en marcha un hospital en Camboya. Cuando ella se fue, estar en el centro se le hacía muy duro, porque no paraba de recordarla, así que decidió cambiar de trabajo y comenzó a tratar a niños con problemas en un centro juvenil de su ciudad. Unos años después decidió mudarse para cambiar totalmente de aires, y consiguió un empleo como psicólogo y orientador en el Instituto Sunnydale, para ayudar a los afectados por el desastre del baile de fin de curso, la muerte de un alumno unos meses antes, y otras catástrofes que tienen lugar frecuentemente en el centro.

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