Irena Newmar

En su infancia tuvo mucha mala suerte. Su familia era más bien pobre pero esto seguramente no hubiera sido un gran problema si no se hubiera sumado a que su madre sufría un trastorno bipolar no diagnosticado. Al no recibir tratamiento, su madre fue empeorando hasta que terminó por suicidarse. Su padre hacía tiempo que bebía, al principio sólo un poco más de lo aconsejado, pero con la muerte de su madre dejó de luchar contra su adicción y desarrolló un problema muy grave de alcoholismo. A consecuencia de ello perdió su trabajo y se dedicó a hacerle la vida imposible a Irena y su hermana pequeña Maggie, las maltrató hasta que un profesor avisó a los servicios sociales y le retiraron la custodia. Él murió poco tiempo después, y como no tenían familiares directos las dos pasaron a estar bajo la tutela del estado. A su hermana la adoptaron en poco tiempo pero ella no tuvo tanta suerte, por ser mayor y porque por su conducta agresiva los psicólogos y trabajadores sociales le diagnosticaron un surtido variado de síndromes post-traumáticos o incluso enfermedades mentales más serias hipotéticamente heredadas de su madre. Para rematar, el administrador de la institución donde vivía se quedaba buena parte de los fondos que le asignaban para mantener el centro, así que los niños vivían justo en la frontera de lo pasable para que no fuera muy obvio que se quedaba el dinero. Vamos, que el edificio estaba bien pintado y tenía los cristales limpios, pero la calefacción la tenían de adorno.

A los 12 años escuchó por casualidad una conversación telefónica del director que le hizo darse cuenta de que esto estaba sucediendo, y le amenazó con denunciarle. Para evitar que hablase, él la dejó inconsciente de un golpe, la metió en un saco y la tiró al río esperando que se ahogara, aunque por una vez, Irena tuvo buena suerte y se salvó. Contando con que la daba por muerta, volvió por la noche al orfanato, y robó del despacho del director el dinero que escondía allí y documentos que demostraban el fraude para enviarlos a la policía. Vivió una temporada con ese dinero, mientras intentaba sin éxito localizar a su hermana, pero no le duró mucho y cuando se quedó sin nada se le hizo casi imposible subsistir. La solución le llegó cuando conoció a Sylvia, una prostituta adolescente que se convirtió en su primera amiga de verdad. Sylvia le presentó a su chulo, Stan, y como resulta comprensible en la situación en la que estaba acabó trabajando para él también. Pronto empezó a robarles a sus clientes y a darle dinero de menos a su chulo con la intención de ahorrar y poder independizarse en unos años, pero esto no fue necesario cuando a los 15 años unos operarios del consejo la localizaron y la informaron de que era potencial de cazadora. Naturalmente accedió a irse con ellos y en Inglaterra vivió los años más estables de su vida, además de entrenar su destreza y fuerza física retomó sus estudios y dejó de ser casi analfabeta.

Cuando cumplió 21 la informaron de que a esa edad ya era estadistícamente imposible que se convirtiera en cazadora, y le ofrecieron que siguiera trabajando para el Consejo. Ella se lo pensó, pero se dio cuenta de que por mucha gratitud que sintiese hacia ellos por haberla sacado de la calle no quería dedicarse a hacer trabajo de oficina el resto de su vida. Además, debido a su mierda de infancia, se había vuelto materialista y ambiciosa, y aspiraba a un nivel de vida más alto que el que podía tener con el sueldo de operaria del consejo. Volvió a Nueva York, y no tardó en empezar a usar sus habilidades para robar obras de arte, joyas y otros objetos valiosos. Nunca tuvo cargo de conciencia porque sabía que robaba a gente que tenía tanto dinero que apenas notaría la diferencia, y además eran la clase de gente a la que le daba exactamente igual que otros pasasen por situaciones como las que había vivido ella de pequeña. Pasó así unos años y reunió una fortuna considerable, empezó a frecuentar las fiestas de la alta sociedad porque tener contactos con los mismos millonarios a los que les robaba era muy práctico y le proporcionaba información, además de un cierto plácer sádico (???).

En esas estaba cuando recibió una llamada del consejo, pidiéndole ayuda con una “situación de emergencia” que estaba teniendo lugar en Sunnydale, un pueblo de California famoso por su actividad paranormal. Le dieron una dirección para reunirse con ellos, y le pidieron que no tardase porque “no había tiempo” y “era muy importante” . Lo siguiente que recuerda es despertarse atada a una camilla, drogada y conectada a unos monitores. Pasó así un tiempo que no puede precisar, porque los sedantes no la dejaban pensar claramente, y fue entonces cuando conoció a Rachel y otras potenciales en circunstancias parecidas. Se dieron cuenta de que les habían tendido una trampa para experimentar con ellas, y cuando Rachel le contó todo lo del chico cazador Irena empezó a imaginarse por dónde iban los tiros. Además, empezó a comprender que le habían “metido algo en la cabeza” en el sentido más literal de la expresión. De pronto podía predecir los movimientos de la gente, y calcular en segundos su fuerza, velocidad, y las mejores estrategias para vencerles (específicamente, para matarles lo más rápidamente posible). Esto empezó a extenderse también a los objetos, cuando veía a un científico tomar notas con un bolígrafo no podía evitar que se le ocurrieran 50 formas distintas de utilizarlo como arma. Cuando empezó a procesar también las habitaciones en términos de vías de escape y formas de emplear la disposición de los muebles en una situación de combate, utilizó este “instinto” para escaparse con Rachel.

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