Haley Sprague

17 años. Bruja.
Estudiante de Instituto.
Es la única hija de Charles y Elizabeth Sprague. Nació y ha vivido toda su vida en Sunnydale, aunque la familia de su madre procede de Nueva Orleans.

Si tuviésemos que definirla con una palabra, ésta sería “brillante”. Con tan solo 6 años de edad, Haley ganó su primer concurso de deletreo. Con 7 fue cabeza de equipo en el campeonato estatal de matemáticas, donde también ganaron. Y así se mantuvo, consiguiendo trofeos, logros académicos y notas excelentes hasta que su madre falleciese en un incendio. Por entonces Haley tenía 12 años y nadie le quiso dar muchos detalles sobre lo ocurrido. “Al fin y al cabo era solo una niña”, “se le pasará”, decían. Pero, poco a poco, todos vieron como su nivel académico y sus ánimos iban bajando de forma considerable a lo largo del año que siguió al aparatoso accidente.
Su padre, quien tuvo que cargar con todo el peso de la familia, fue quién se encargó de que su hija volviese a ser, si no como antes, lo más parecido a lo que era cuando su esposa todavía vivía. Para ello recurrió a revelarle un secreto que -decía- había acompañado a su familia desde hacía siglos. Los Sprague eran unos poderosos brujos que habían ido aprendiendo el uso de la magia a lo largo de los años, transfiriendo sus conocimientos de generación en generación. Charles le mostró a la niña su libro de magia y le prometió ir leyéndole una página por noche si ella volvía a sacar esas notas tan brillantes a las que les tenía acostumbrados. Haley aceptó su parte del trato y, poco a poco, no solo recuperó su brillante expediente, sino que interiorizó y se apasionó con todo lo que su padre le enseñaba sobre brujería. “Aunque solo debes usar esto en casos extremos, cuando no tengas otra salida y siempre para hacer el bien”, le decía. Y Haley, que siempre había sido más de asentir por hacer callar y hacer lo que le venía en gana, asentía. Asentía y experimentaba por su cuenta. Y una de las cosas que más le gustaban era poder sentirse única.Una noche se encontraba en su habitación practicando de memoria un conjuro para crear haces de luz, pero pronunció una palabra mal. Antes de que pudiera remediarlo, todas las bombillas de su cuarto estallaron y una bola incandescente emergió de la nada cegándola por unos minutos. Los justos para no percatarse de que Leah Meade la había visto. Leah, aquella niña rebelde y prepotente de la casa de al lado; la misma que le cortó un mechón de pelo en el parbulario para reírse de ella delante de los otros niños. Esa misma.
Haley quiso pensar que no reconocería aquello como magia, que quizás lo dejase pasar, pero cuál fue su sorpresa cuando Leah se presentó en su casa para contarle que ella también era una bruja y que, efectivamente, la había visto. No podía creerlo. Y no sabía si lo que le molestaba más era que ya no podía sentirse única o que fuese Leah con quien tuviese que empezar a compartir ciertos secretos. Fuera como fuese, terminaron aprendiendo a soportarse y practicando juntas. Y, a pesar de sus constantes desavenencias, a día de hoy son grandes amigas.

En cuanto a su personalidad, Haley es muy leal y haría lo que fuese necesario para proteger a sus amigos, familia y cualquier otra persona que le importe. Tiene una fuerte tendencia al liderazgo, lo cual la ha hecho tener problemas en más de una ocasión porque si no es lo que ella diga, no suele conformarse. Haley siempre siempre tiene la razón, te guste o no. Además, se excusa constantemente en su reconocida inteligencia.