Godelieve Balliet d’Einartzhausen

Godelieve Balliet d’Einartzhausen

Godelieve nació en Lorena en el último cuarto del siglo XVIII. Se casó muy joven con un alto cargo militar bastante mayor que ella, y pronto tuvieron dos hijos gemelos. Su marido, Rodbert, pasaba la mayor parte del tiempo fuera, pero tuvo la mala suerte de estar de permiso en la mansión familiar cuando Rhona y su pandilla dedicieron masacrar a la familia para quedarse su casa un tiempo. Se comieron a los gemelitos y a Rodbert, pero Godelieve tuvo la suerte de que decidieran convertirla, entre otras cosas porque era una señorita muy bien educada y su aspecto de no haber roto nunca un plato prometía resultar muy útil a la hora de engañar a futuras víctimas.

Desde el principio le gustó mucho la vida de vampiro, desde luego era mucho más interesante que su vida anterior como ama de casa en medio del campo, aunque siempre se lamentó de haber perdido a Rodbert porque no podía evitar pensar que habría sido un vampiro excelente.

Siguió a Rhona y su troupe por Europa más de cincuenta años, hasta que las cosas se pusieron complicadas y decidieron viajar a América para evitar a los que les perseguían con sed de venganza. Godelieve no quería irse pero no se atrevía a llevarle la contraria a Rhona por lo que pudiera pasar. Una noche, cuando ya habían hecho todos los preparativos para el viaje, el grupo estaba comiéndose a una familia al completo cuando los vecinos se dieron cuenta de que algo pasaba y entraron en la casa a socorrerlos, tuvieron que huir precipitadamente y Godelieve desapareció. La dieron por muerta cuando en realidad había decidido esconderse para separase del grupo. Desde entonces viajó por Europa a su aire y unos años después se enteró de que Rhona y los demás habían muerto en Sunnydale, aunque pensó que quizá era solo un rumor al principio con el pasó de los años acabó por asumir que sería cierto.

Tiene un gran sentido de la disciplina y del deber, mientras estaba con Rhona fue una vástaga muy obediente y dedicada y le costó tomar la decisión de engañarla; solo lo hizo porque la idea de viajar a un sitio tan lejano e incivilizado como América le resultaba horripilante e insoportable. Cuando tuvo noticias de que Rhona había sido vista de nuevo en Sunnydale, decidió ir a buscarla y suplicarle que la perdonase.

Igual que ella siente un gran respeto por sus mayores odia que los vampiros jóvenes no la traten con deferencia y añora los tiempos en los que ser tuteado era razón para retar a alguien a un duelo a muerte. Siente una gran pasión por la tortura y aprovechó sus años de soledad durante el siglo XX para estudiar los venenos y sustancias paralizantes, y otras cosas interesantes varias. Aparte de eso, está completamente convencida de que su marido Rodbert se le aparece en sueños, habla de él como si estuviera vivo y no consiente que nadie le recuerde que no es así.

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