Edward Snypher

Edward Snypher

(Apodado también como Eddy o “Eddy el Tuerto”)

Edad: Cincuenta años (Todos mis pjs envejecen mal, no me peguéis (¿?))

Especie: Humano. Aún sin poderes, es consciente de que hay algo paranormal, pero no quiere terminar de admitirlo y cuando le sucede algo, lo achaca a otros motivos.

Físico: Lo que se aprecia en la foto, aunque uno de sus ojos es de cristal. Suele ir vestido con camisas de leñador, vaqueros y botas de montaña.

Carácter: Bromista, alegre y despreocupado. Suele tomarse todo con humor y le gusta hacer chistes aunque no tengan demasiada gracia, pero no por ello a veces hay algo de maldad tras ellos haciéndole también algo cabroncete. Con quien piensa que puede merecérselo, llega a ser bastante cariñoso.

Historia: Nació en Canberra, pero no tardó en marchar de allí ya que sus padres murieron en un accidente de coche cuando él tenía cuatro años y su familia adoptiva se mudó a Sunnydale esperando tener una vida más próspera que la que se les brindaba en aquella ciudad.

No fue demasiado buen estudiante, pero se sacó todo en su año correspondiente y donde destacó fueron en las actividades extraescolares a las que se apuntó, las cuales eran tiro con rifle y esgrima. Esos deportes para él marcaron un antes y un después ya que ganó varios campeonatos de ambos cuando era joven y además aplicó los conocimientos en otros ámbitos.

Sobre los veintiséis años se mudó a Nueva York donde se metió en unos cuantos negocios ilegales que terminaron desembocando en que se convirtiese en un mercenario y, posteriormente, en un asesino a sueldo bastante cotizado dado que actuaba con mucha cautela y profesionalidad.

Sobre los treinta y dos años, en uno de sus trabajos se metió en una situación complicada y terminó perdiendo un ojo y, aunque cobró por haberlo terminado con éxito, a día de hoy no está seguro de que lograse matar al muchacho que le encomendaron. No tardó en taparse la cuencia vacía con un ojo de cristal, pero mucho menos en ganarse un apodo por haberse quedado con esa condición.

El accidente no le quitó las ganas de trabajar y consiguió vencer a la discapacidad para poder seguir obrando de la misma forma durante unos cuantos años más. A sus cuarenta y ocho años decidió intentar dejar todo atrás y volvió a Sunnydale, donde sigue viviendo a día de hoy con la suerte de que nadie ha llegado a saber nunca a qué se dedicó todo el tiempo que estuvo fuera.